Noemí y Òscar decidieron cambiar su forma de viajar tras 20 años recorriendo todos los continentes como mochileros durante sus vacaciones de 3-4 semanas. Querían viajar de una manera diferente, buscando conocer el mundo desde otra perspectiva. Así, el 26 de marzo de 2023 dejaron todo y comenzaron un viaje por África. Desde Marruecos hasta Sudáfrica, visitaron 22 países.
Su aventura duró 20 meses, viajando en un coche 4×4 del año 99 (demasiado viejo para las carreteras que les esperaban) y con una tienda de techo. Se enfrentaban a un reto, ya que nunca antes habían conducido un 4×4, no sabían nada de mecánica, no hablaban francés, no llevaban el Carnet de Passage y nunca habían utilizado un camping.

Entraron a Marruecos durante el Ramadán, cuando todos los restaurantes estaban cerrados, y pasaron un mes sin probar la exquisita gastronomía local. Sin embargo, esto les obligó a aprender a cocinar con su propio camping gas.
Marruecos fue uno de sus países favoritos. Allí empezaron a disfrutar de la conducción 4×4 en lugares aislados y rurales, donde la gente les invitaba a té constantemente. Experimentaron la hospitalidad marroquí, amazigh y saharaui.
Entraron en Mauritania, un país que describen como de los más pobres que visitaron, con una pobreza generalizada y cruda, y aún con esclavitud. Tuvieron muchos problemas para conseguir dinero en efectivo. Allí conocieron a algunas familias que vivían en zonas donde la temperatura alcanzaba los 50 grados. La ruta por el desierto, siguiendo el tren del hierro al norte, fue una de las más hermosas de su viaje, llevándolos a Chinguetti, una ciudad aislada en el tiempo, y terminando en el cráter de Ouadane, un lugar impresionante.



Dos meses después, atravesaron el Sahara Occidental, donde preguntaban por las rutas más seguras debido a las minas en el desierto.
Después, cruzaron al verde Senegal, donde se encontraron con protestas contra el presidente que no quería celebrar elecciones, lo que los dejó dos semanas sin internet. Aquí su objetivo era encontrar a un chico que les había hecho de guía diez años atrás y cuyo contacto habían perdido. Afortunadamente, lo encontraron, y estuvieron 10 días con él, visitando proyectos e interesantes rincones de la región.
Tuvieron algunos problemas con el visado de Guinea Conakry, lo que les llevó a añadir Guinea Bissau a su ruta. En Bissau, disfrutaron mucho de la hospitalidad de la gente y la comunicación fue más fácil gracias al portugués. Allí, acamparon en una playa paradisíaca en Barela.

Cuando finalmente llegaron a Conakry, quedaron sorprendidos por su verdor, paisajes y cascadas. Tuvieron que enfrentar varios retos en las pistas 4×4, muy embarradas y resbaladizas. En Costa de Marfil, lamentaron ver la deforestación masiva y los rituales de danzas y máscaras que estaban reservados para el turismo, con precios exageradamente altos.
En la frontera con Ghana, se encontraron con la corrupción por primera vez, ya que les pidieron 500 € para cruzar. Lograron pasar por una frontera más al norte por solo 5 €. En este país pasaron 24 horas en el mayor mercado de repuestos del mundo, y lo que más les gustó fue la arquitectura de las mezquitas de estilo sudanés. Luego, viajaron por Togo, donde disfrutaron de las cascadas durante la época de lluvias, y Benín, donde descubrieron la Iglesia Celeste, una secta local que les sorprendió por su hospitalidad.
Para obtener su visado para Nigeria, se convirtieron en residentes de Benín, pagaron una extorsión en la embajada, y finalmente lograron cruzar la frontera, donde enfrentaron duras negociaciones sobre su vacuna de fiebre amarilla y una tarifa injusta por el paso del coche.



En Nigeria encontraron numerosos checkpoints de diferentes cuerpos policiales, una experiencia desafiante. Además, Òscar sufrió malaria. Durante 21 días, se enfrentaron a corrupción y problemas con las autoridades, pero nunca pagaron.
Tras abandonar Nigeria, tomaron la mítica ruta de carreteras montañosas hacia Camerún. Allí tuvieron problemas mecánicos serios con su coche, pero vivieron una experiencia entrañable cuando una rueda se les salió cerca de un pueblo de pigmeos.
A través de los dos Congos, llegaron a Angola, un país inesperadamente hermoso con selvas, montañas y etnias tradicionales. Allí, se quedaron más tiempo de lo previsto, hasta que el visado expiró y fueron multados con 500 €.
Namibia fue uno de los países más espectaculares de su viaje, con un paisaje impresionante, aunque las carreteras eran extremadamente difíciles. Disfrutaron mucho de la aventura 4×4 en Sandwich Harbour, una zona aislada donde el desierto se encuentra con el Atlántico.
En Botsuana se sintieron un poco decepcionados, ya que aunque había fauna impresionante, el paisaje no les resultó tan atractivo. Además, el coste de un estilo de vida como el suyo era alto. En Zambia, cruzaron las famosas Cataratas Victoria y viajaron a South Luangwa, donde vieron un leopardo en el parque nacional.

Malawi fue una sorpresa, un país no planeado, que les regaló impresionantes puestas de sol en el Lago Malawi. Intentaron explorar el interior de Mozambique, pero estaba deforestado, aunque las playas en la costa eran espectaculares. En Vilanculo y Tofo, disfrutaron de la belleza natural y nadaron con tiburones ballena.
Finalmente, llegaron a Sudáfrica, Eswatini y Lesoto. Este último fue una de las mayores sorpresas del viaje, con paisajes de otro mundo, gente amable y tradiciones únicas. Aunque ya empezaban a sentir el cansancio del viaje, disfrutaron mucho de este país. Sudáfrica, que inicialmente no les despertaba muchas expectativas debido a su inseguridad, les cautivó con su naturaleza y su costa salvaje. Incluso pasaron un mes en Ciudad del Cabo, donde dejaron su coche para enviarlo de vuelta a Europa.

Su objetivo al inicio del viaje fue ver con sus propios ojos la realidad del continente africano. Al final, sintieron que habían superado sus expectativas, aprendiendo mucho y comprendiendo la complejidad de la situación en el continente. Después de esta experiencia, sabían que no podrían dejar de viajar y ya empezaban a planear su próxima aventura, esta vez hacia Turquía y mucho más allá.
Noe es ingeniera química con más de 20 años de experiencia y Òscar es propietario de una pequeña cafetería familiar en Tarragona. Tenían la vida resuelta, con sus trabajos seguros y cómodos… hasta que decidieron dejarlo todo para comenzar su viaje a África.




