Pablo González, más conocido como Pablo Nemo, ha recorrido África a pie y en solitario. El viaje, que duró 800 días, comenzó en Ciudad del Cabo. Caminó por Sudáfrica, Lesoto, Zimbabue, Botsuana, Zambia, Malaui, Kenia, Tanzania y Etiopía. Para evitar los conflictos bélicos que se desarrollaban en la zona, se vio obligado a volar a Arabia Saudí. Allí tomó un barco para cruzar el Mar Rojo y caminar por Egipto. Al llegar a la Gran Pirámide de Giza y El Cairo daba por concluida la aventura de 14.000 km.

Pablo se lanzó a vivir la aventura de su vida para reconectar consigo mismo, con la «cuna de la Humanidad» y la naturaleza. Entendió que para ello lo más apropiado era caminar. Así, hizo el viaje a pie y en ocasiones en pequeñas embarcaciones por vías fluviales, las «autopistas naturales» de África. Caminó por todo tipo de ecosistemas, desde desiertos a selvas, a lo largo de ríos, lagos y cataratas y se acercó a las ancestrales culturas que pueblan el continente.

Entre tantas experiencias, también vivió momentos complicados, como ser arrestado o enfermar varias veces y sufrió el agotamiento, el hambre y la sed.
El viaje comenzó en noviembre de 2021, en Ciudad del Cabo. Tras 800 km por la costa, llegó a Lesoto, el reino enclavado en Sudáfrica. Atravesar este país le devolvió a Sudáfrica, desde donde continuó por Zimbabue. En este país llegó al lago Kariba, donde convivió con los tongas que lo habitan.

Después vino Botsuana, donde caminó por el Kalahari y visitó el delta del Okavango; en Zambia sobrevoló las Cataratas Victoria; en Malaui visitó su famoso lago; al llegar a Tanzania decidió hacer una parada den la isla de Zanzíbar. No solo disfrutó de su estancia, sino que el Ministerio de Turismo de Tanzania lo nombró Embajador de Turismo del país.
Tras esta parada, el viaje continuó por Kenia para pasar por el lago Victoria, la selva de Kakamega o el lago Turkana y convivir con los masáis y los turkanas. En Etiopía atravesó el Valle Bajo del Omo y vivió la experiencia de conocer sus tribus.

En los viajes a veces es necesario cambiar de planes. En esta ocasión, Pablo se encontró con que no podía seguir como tenía previsto: tenía por delante una rebelión en la región de Amhara en Etiopía y más allá, una guerra en Sudán. Era imposible continuar a pie.
Tuvo que volar a Arabia Saudí, donde visitó la ciudad sagrada de Medina, antes de llegar al puerto para encontrar un barco que le permitiera cruzar el Mar Rojo. Así, llegó a Egipto y en enero de 2024 alcanzó la Gran Pirámide de Giza y El Cairo, su destino final.

Para Pablo, bailarín y coreógrafo de profesión, este ha sido un viaje revelador: “Bajo mi percepción, todas las respuestas que buscamos como seres humanos se encuentran en la observación de las maravillas que nos rodean. En cada paso dado en este viaje, sentía que no solo recogía recuerdos, sino también una comprensión más profunda de por qué estamos en este planeta”, cuenta. “Es un viaje espiritual que me recuerda la belleza y la diversidad de la vida, y me hizo reflexionar sobre nuestro propósito aquí en este mundo.»



